De un sueño y un reencuentro

De niño quería ser escritor. Después la vida me zarandeó de un lugar para otro y me dejé llevar. Han transcurrido más de 35 años hasta encontrar un punto en mi vida en la que puedo y deseo luchar por mi sueño y aprender a escribir de nuevo.

He llegado en un momento, según veo, bastante complicado para el escritor novel. Todo el mundo puede autopublicar, con lo que ello implica para los autores y el sector de la escritura. De hecho, las editoriales tradicionales pasan momentos difíciles, de reestructuración y adaptación a un mercado cambiante. Hay editoriales de coedición, de edición, de autopublicación y vete tú a saber de cuántos tipos más. Antes estaban las editoriales normales y punto. O por lo menos es lo que recuerdo de la década de los ochenta.

También he llegado en un momento interesante, por la cantidad de información que hay en la red y esa interconexión social que, bien comprendida, puede ayudar al que empieza.

No hay quien se pierda hoy en día…

Aunque antes de empezar tenía que darme cuenta de algo…

Una cura de humildad

Lo más complicado de aprender a escribir es darte cuenta de que lo necesitas. Por lo menos a mí es lo que me ha sucedido. Tenía la convicción de que escribir se me daba bien. Llegar a ser consciente de que debía empezar de cero me costó algunos meses y un serio ejercicio de autocrítica. Aunque con ese reconocimiento vino el regalo de la libertad de fallar, errar y equivocarme una y otra vez; o sea, de aprender y mejorar.

Es genial el subidón de energía que obtienes cada vez que te das cuenta de que evolucionas en algún punto. Un día entiendes cómo funciona el ritmo narrativo y que puedes modificarlo, cuando antes no tenías ni idea de qué era y mucho menos cómo manipularlo en tu relato. Otro día descubres que eres capaz de escribir diálogos decentes y además los puntúas con corrección: ¡parece magia! Darme cuenta de esto ha conseguido que la única certeza que posea, como escritor, es que me queda mucho por aprender; pero también me ha ayudado a ser consciente de lo mucho que voy a disfrutar en el proceso.

obtienes superpoderes  aprendiendo a escribir
De repente empiezas a tener superpoderes, en serio…

Ventajas del momento actual

Decía antes que una de las ventajas de entrar en este mundillo ahora es que estamos conectados. Es como si fuéramos millones de hilos que somos capaces de tocar y hacer vibrar. No hablo de metafísica. Expongo que es muy fácil conectar con personas afines y con los mismos objetivos que tú. Eso permite que haya muchas posibilidades de colaborar, estudiar, aprender y cooperar en proyectos de interés común. En este sentido también hay muchas personas con muchos conocimientos y que llevan años compartiéndolos con los demás. Es más, al ahondar un poco te das cuenta de que casi todos han pasado por las mismas fases, y que lo que te pueden enseñar y te enseñan no tiene precio, porque nace de la misma experiencia por la que pasa aquel que se inicia en esta aventura.

¿A escribir se aprende escribiendo?

¿Cuántas veces has escuchado que a escribir se aprende escribiendo? Porque en mi caso no paro de leerlo y escucharlo por todas partes. Estos últimos meses me he dado cuenta de que es cierto. Parece como si hubiera una especie de contador de palabras interno y te dijera: «Al llegar a 20.000 palabras ganas la capacidad para descubrir qué muletillas tienes», o «al llegar a 40.000 detectarás palabras comodín y serás capaz de sustituirlas por otras que aporten sentido a tu texto». También se aprende mucho de los que tienen más experiencia que tú: por eso leo artículos cada día y los comparto en Twitter, como explicaba en este artículo. Y por supuesto, se aprende al leer a grandes autores: Ursula K.LeGuin, Tolkien, Edgard Allan Poe, H.P. Lovecraft; aunque aquí ya entran los gustos personales de cada uno. Yo los leo ahora de una manera distinta: intento captar el ritmo, los respiros narrativos, lo que cada escena aporta, los conflictos… ¿Crees que para ser escritor hay que ser un poco obsesivo? Yo sí lo creo.

Durante los últimos dos meses he llegado a la conclusión de que quiero escribir relatos cortos. Mis motivos son muchos y otros lo explican mejor que yo, como David Generoso en «10 motivos para amar los cuentos cortos» o Jaume Vicent en «Por qué deberías olvidarte de las novelas y escribir relatos cortos». Para mí son:

  • Menos tiempo en acabarlos y ver los resultados.
  • Se aprende mucho con el proceso de revisión y corrección.
  • Si un relato corto no funciona has tirado el trabajo de una semana como mucho, no de meses en el caso de una novela.
  • Para concursar. Hay muchas convocatorias de relatos cortos y si te escogen alguno para alguna antología te llevas una alegría. A mí me escogieron mi relato «El buscador de dragones» en una convocatoria de Alberto Santos Editor y consiguió que mi moral subiera a las nubes.
  • Puedes escribir muchos relatos en poco tiempo y aprendes mucho. En un año puedes escribir facilmente más de 40 relatos revisados y acabados. Sin embargo en una novela podrías tardar meses en el primer borrador.

Conclusiones de un aprendiz

En mi reencuentro con el sueño de mi niñez he comprendido que soy afortunado. Podría no haberme dado cuenta de que me perdía algo importante y dejar que pasara de largo, de nuevo. Esta vez, no obstante, me he puesto en medio de las vías del tren y he obligado al maquinista a parar. He subido y ahora empieza un largo viaje, quizás de toda una vida, en la que entiendo que el objetivo no es escribir, sino aprender a escribir. Y, aunque diga de mí mismo que soy escritor, porque es a lo que dedico muchas horas al día, siempre seré un aprendiz de escritor, y lo digo con la satisfacción del que no ve nada negativo en ello, porque lo que valoro sin reservas es esa capacidad de aprendizaje del que nunca se rinde ni se cansa; sino que disfruta del proceso y lo acepta tal como es.

¿Viviré alguna vez de la escritura? No tengo ni idea y no me obsesiono con ello. Como he explicado a lo largo de este artículo, ya he entendido en qué punto estoy y lo que quiero hacer.

Y tú, ¿cuál es tu historia?

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